| LA ORALIDAD EN EL AULA
Prof. Paula Navarro*
El aula es el epicentro de la didáctica,
el marco fundamental de la enseñanza / aprendizaje de la lengua. Álvarez Angulo En los últimos años se ha observado que muchos estudiantes presentan dificultades para participar adecuadamente en comunicaciones orales propias de los ámbitos académico y laboral, cuyo registro de habla debe ser formal y que requieren planificación. Distintos autores consideran que esto es consecuencia de que la tradición escolar privilegió la enseñanza de la escritura en detrimento de la oralidad. Así lo señala María Catrielo: “La educación moderna, en general, enfatiza la pronta adquisición de la lectoescritura como preparación para cumplir con los objetivos del currículum escolar en todos sus niveles”.1 Fernando Avendaño parte de otro aspecto con el cual se ha caracterizado a la oralidad: “La modalidad oral es natural [El subrayado es propio], consustancial al ser humano y constitutiva de la persona como miembro de una especie”.2 Según este autor, este carácter natural de la oralidad ha provocado que su prestigio fuera menor que el del código escrito (concebido como un artificio o tecnología, no como un aspecto natural y constitutivo de la especie humana). Como consecuencia, señala Avendaño: “durante mucho tiempo se pensó que la función prioritaria de la escuela básica era enseñar a leer y a escribir”.3 Para revertir esta situación, es decir para formar no sólo buenos lectores/ escritores sino también buenos oyentes/ hablantes, el aula debe constituirse en el ámbito en el cual los estudiantes perfeccionen la competencia comunicativa que les permitirá desenvolverse eficazmente en un código, el oral, “que gobierna gran parte de su vida diaria”.4 Los aspectos principales que deberían ser tenidos en cuenta en las aulas para mejorar la competencia oral de los alumnos, y que serán desarrollados en este artículo, son: el conocimiento de las características del código oral, la necesidad de realizar distintos ejercicios en un registro formal que exige planificación y la importancia de educar en la oralidad a partir del asesoramiento y la evaluación constante del alumno.
Para mejorar su competencia oral los estudiantes tienen que partir de reconocer las características que definen a la oralidad y a la escritura como dos códigos distintos e independientes. Esto evitará que escriban como hablan (escritos con características propias del código oral: redundancias, vacíos de información, muletillas, etc.) pero también que conciban una oralidad alejada de la materialidad que la define: La oralidad no se reduce a un contenido de información, ni a un conjunto de palabras o signos verbales. Se nutre de otros signos paralingüísticos como los tonos de las voces, su volumen, las pausas. El lenguaje verbal siempre está ligado al lenguaje corporal. Los signos vocales no se pueden ver asilados de (…) los gestos, miradas, gesticulaciones, los cuales interactúan y participan en la comunicación oral.5 Por ello, es importante subrayar desde el principio que la comunicación oral es multicanal porque incorpora una duplicidad de lenguajes: verbal y no verbal. Los códigos no verbales constituyen un aspecto fundamental de la oralidad debido a que incorporan informaciones complementarias a las expresadas verbalmente sin las cuales la comunicación pierde sentido. Distintas estadísticas indican la preponderancia de los códigos no verbales por sobre los verbales. Entre ellas la que recoge el filólogo español Daniel Cassany en su libro Describir el escribir. Cómo se aprende a escribir: “En una conversación normal, el significado social de los códigos no-verbales es del 65%, contra el 35% de los verbales (Knap, 1980)”.6 En consecuencia, la competencia comunicativa incluye no sólo los aspectos lingüísticos de la lengua sino también los paralingüísticos y no lingüísticos que se clasifican en subcompetencias, a saber:
El discurso oral debe ser concebido como un continuo verbal (palabras), paralingüístico (voz) y kinésico (movimientos corporales) formado por “sonidos y silencios y por movimientos y por posiciones estáticas”.8 En este sentido, la oralidad exige de parte de quienes interactúan, pero también de quienes evalúan dicha interacción, muchos niveles de percepción simultáneos que involucran todos los sentidos: “el tacto, el gusto, el olfato y particularmente la vista, además del oído”.9 Dominar estas formas de hablar no resulta sencillo, por ello la importancia de desarrollar la competencia comunicativa oral en las aulas.
Las diferencias entre los códigos oral y escrito han sido subrayadas por distintos autores, entre ellos Daniel Cassany quien aborda su análisis desde dos puntos de vista distintos: contextual (espacio, tiempo y relación entre los interlocutores) y textual.10 Una de las diferencias contextuales más importante es aquella que señala que la comunicación oral se caracteriza por su espontaneidad, a diferencia de la comunicación escrita que debe ser planificada. Sin embargo, se debe clarificar que no todas las comunicaciones orales son espontáneas, muchos encuentros orales requieren de parte de los participantes un alto grado de preparación. Por ejemplo: un examen final, una entrevista laboral, una exposición en clase, la presentación de un informe en una reunión laboral, una conferencia, etc. Por su parte, entre las características textuales a partir de las cuales diferencia a ambos códigos, Cassany indica que la oralidad suele ser más informal que la escritura. No obstante, existen situaciones orales de comunicación altamente formales por los contextos en que se producen, por quienes participan en ella o por el tema que abordan; y que en consecuencia requieren un vocabulario formal y específico.
Para aprender a interactuar en este tipo de situaciones
orales, los estudiantes no sólo deben conocer las características propias
del código oral sino que tienen que realizar distintos ejercicios que
se amolden a esta oralidad planificada y formal y que, a su vez, impliquen
diversas modalidades de la oralidad :
De este modo aprenderán, en la práctica, que ciertas situaciones comunicativas de carácter oral les exige poner en práctica diversos recursos, casi siempre ajenos a la comunicación cotidiana e informal, como por ejemplo:
Un aspecto a considerar es que además de realizar distintos ejercicios reflexionen sobre sus resultados. En esta instancia, la intervención del docente a cargo resulta fundamental porque permitirá sentar las bases de aquellos aspectos que se deben mejorar.
Se requiere una enseñanza planificada y un aprendizaje
sistemático de la lengua oral.
Fernando Avendaño Para perfeccionar la competencia oral del alumno deben existir tareas de aprendizaje orientadas a tal fin y con un objetivo definido. Además, es fundamental que los ejercicios simulen situaciones comunicativas reales que incluyan en su desarrollo todos los aspectos que intervienen en una comunicación oral: contexto (lugar y tiempo), roles e intereses de los interlocutores, tiempo de exposición, recursos a disposición de los interlocutores, elementos verbales y no verbales de la comunicación humana. Conviene comenzar a familiarizar a los alumnos con la oralidad formal y planificada que deberán poner en práctica en los ámbitos académico y laboral a partir de ejercicios de análisis y reflexión que les permitan identificar las características que definen a la oralidad, por ejemplo con la reproducción de un video y su posterior análisis grupal. Además, es importante que los estudiantes reflexionen sobre su propia competencia oral utilizando como disparador alguna situación áulica en la cual se haya evidenciado el uso incorrecto de un lenguaje informal, inadecuado al contexto y a quienes intervienen en la situación comunicativa. Por otro lado, proponerles que expresen la misma idea con dos registros distintos es ilustrativo para que descubran las posibilidades que les brinda la lengua y además que evidencien que son capaces de cambiar de registro ellos mismos o de corregirse entre ellos mismos sin la intervención del docente. Otra opción consiste en invitarlos a tomar la palabra realizando un comentario espontáneo sobre un tema determinado para analizar cómo se expresan sin explicitación previa de la norma. En estas propuestas, los estudiantes comienzan a detectar qué aspectos del código oral dominan y cuáles deben mejorar. Después de estas ejercitaciones conviene comenzar a sistematizar las características del código oral y plantear ejercicios en los cuales los estudiantes apliquen lo aprendido y mejoren aquellos aspectos detectados en las primeras actuaciones. En todos los casos el docente luego de las ejercitaciones debe realizar comentarios tendientes a señalar lo positivo y lo mejorable. Conviene que trabaje con Fichas de Observación12 para registrar estos comentarios que luego compartirá con el estudiante quien, a su vez, podrá controlar su evolución en cada ejercitación y será consciente de cuáles son los aspectos que debe continuar perfeccionando. Otro recurso para mejorar la competencia oral consiste en registrar las intervenciones orales de los estudiantes a través de grabadores y videocámaras para su posterior proyección y análisis frente al curso. En estas instancias el estudiante tendrá la posibilidad de verse y escucharse en forma objetiva, más allá de las impresiones personales que haya tenido durante la exposición y de los comentarios y observaciones realizados por del docente y sus compañeros luego de la misma. Por último, un aspecto importante que quiero destacar es que para que la formación del estudiante sea constante e integral es aconsejable que los ejercicios orales no sean propiedad exclusiva de asignaturas como lengua o materias relacionadas con la expresión oral y escrita o la enseñanza de lenguas extranjeras; sino que forme parte de los programas de la mayoría de las materias a los fines de que el desarrollo de la competencia comunicativa oral se generalice en los distintos campos de estudio. Esto no significa que todas las asignaturas dediquen la misma importancia a este tipo de ejercicios pero sí que los integren en su propuesta académica para que en la evaluación de exposiciones orales, debates o simulaciones de entrevistas, tengan en cuenta tanto el contenido de la exposición como también la forma en que los estudiantes se desenvolvieron en el código oral, es decir:
En síntesis, propongo una mayor atención pedagógica al desarrollo de la oralidad en las aulas porque los estudiantes necesitan contar con una adecuada competencia comunicativa oral que les permita tomar la palabra en público. ANEXO
FICHA DE OBSERVACIÓN
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||